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Actualizada el
22-11-2002 18:08

 

 

 

Nutrición en ciclodeportistas

 

Los carbohidratos (COH) y las grasas son los combustibles que son metabolizados por vía oxidativa en el músculo para proporcionar la energía necesaria para la resíntesis del ATP durante el ejercicio de resistencia. La proporción correspondiente al consumo de grasas o de carbohidratos está en función de la duración e intensidad del ejercicio.

El ejercicio de resistencia está limitado por la capacidad de la reserva de carbohidratos que se agota en unos 90 minutos y por su intensidad, en torno al 65-75% del consumo máximo de oxígeno (VO2 máx). Entre estos límites se desarrolla la mayor parte de entrenamientos y competiciones de resistencia.

Carbohidratos

¿Qué efectos produce el entrenamiento? Por una parte incrementa las posibilidades del organismo de aumentar sus reservas de carbohidratos, con lo cual se puede alargar la duración del esfuerzo sin llegar a la fatiga y por otra parte mejora la eficiencia de la vía aeróbica, haciendo posible conseguir mayores intensidades de esfuerzo sin que la incidencia de la utilización de los COH por vía anaeróbica llegue a impedir la continuación del esfuerzo y nos obligue a detener el ejercicio o a dismiuir la intensidad.

Pero, ¿qué sucede en esfuerzos de duración mayor de 90 minutos? La intensidad ya no puede ser tan alta y entonces la proporción del consumo de grasas adquiere más relevancia en la contribución final al rendimiento. En este caso estamos hablando de deportes como maratón, ciclismo de carretera, triatlón, esquí de fondo, montañismo, etc. Como las reservas de grasas son prácticamente inagotables, los efectos del entrenamiento se traducen en que aumenta el porcentaje de utilización de ácidos grasos como fuente de energía frente a los carbohidratos y a una intensidad más alta de esfuerzo.

Dado que para poder utilizar los ácidos grasos es necesaria la presencia de COH en cantidades suficientes, la alimentación debe ir enfocada fundamentalmente a conseguir unas reservas óptimas de carbohidratos y a su reposición durante el esfuerzo. Además hay que reponer agua. La reposición de otros nutrientes, minerales, etc., se puede hacer después de la actividad. Si tenemos en cuenta que la energía obtenida a partir de los ácidos grasos es unas 4 veces superior (por molécula) (o 1.3 veces superior si nos referimos por molécula de carbono en un de los dos componentes) vemos, unido a la capacidad inagotable de sus reservas, la gran importancia que tiene la utilización de grasas como combustible en los esfuerzos de larga duración. Pero todo tiene sus inconvenientes, la oxidación de una molécula de glucosa necesita un 77% menos de O2 que la de una molécula de ácido esteárico (un ácido graso). Es decir, durante el ejercicio de resistencia, la utilización de los carbohidratos porduce menos estrés respiratorio que la utilización de las grasas. Probablemente sea por eso que cuando se llega a niveles altos de consumo de oxígeno se inhibe gradualmente la utilización de las grasas en favor de los COH.

Parece ser que un deportista de resistencia debe consumir en torno a un 60% de su ingesta total de calorías en forma de carbohidratos, los días anteriores a la competición debe incrementar este porcentaje hasta un 70% para aumentar las reservas. Esto se traduce en unas necesidades de unos 7-10 g de COH por kilo de peso corporal. Además, debe reponerse siempre que sea posible durante la competición o entrenamiento y, sobre todo, lo antes posible al término del esfuerzo. En la primera media hora después de finalizado el esfuerzo es cuando el organismo tiende a asimilar con mayor rapidez los elementos nutritivos que ha perdido durante el ejercicio previo.

Proteínas

La necesidad de incluir grandes cantidades de proteinas en la dieta se está debatiendo científicamente desde que a mitad del siglo pasado von Liebig afirmó que las proteinas eran el principal combustible para el esfuerzo físico. Esta afirmación fue ampliamente aceptada tanto por los científicos como por los deportistas de la época. La opinión de los científicos cambió radicalmente durante los últimos años del siglo pasado y primeros del presente cuando los experimentos realizados mostraron que los COH y las grasas eran los combustibles principales para el ejercicio, aunque todavía en la actualidad muchos atletas creen que son necesarias grandes cantidades de proteínas para conseguir un buen rendimiento. Los estudios del presente siglo se han concentrado en los efectos de los COH y de las grasas y apenas se ha investigado sobre las proteínas. Estudios recientes muestran que se ha subestimado la importancia de las proteínas y que cantidades superiores en un 50% a 125% a los 0.8 g/Kg (1.2 a 1.8 g/Kg) y día recomedados por los organismos internacionales de la nutrición pueden beneficiar a los individuos con una gran actividad física, bien sean deportistas de fuerza o de resistencia.

Si los deportistas de resistencia necesitan más cantidad de proteínas que las personas sedentarias, probablemente es debido a tener que reponer la pérdida de aminoácidos oxidados durante el ejercicio y reparar el daño muscular producido, sobre todo en esfuerzos con una elevada componente excéntrica. Los estudios más recientes concluyen en que las cantidades de proteínas recomendadas para individuos implicados en deportes de resistencia es de 1.2 a 1.4 g por Kg de peso corporal y día.

En los deportes de fuerza y potencia es habitual la ingesta de grandes cantidades de proteínas con el fin de aumentar la masa muscular y la fuerza. Es normal un consumo de proteínas de 4 g a más de 6 g por Kg de peso corporal y día y la inclusión de suplementos de aminoácidos. Unas mayores necesidades están probablemente justificadas por el estímulo anabólico que produce en ejercicio de fuerza crónico, con una mayor síntesis proteica que se traduce en un aumento del tamaño muscular, además de reponer la mayor cantidad de aminoácidos oxidados durante el ejercicio intenso.

Estudios recientes indican que la eficacia de una aportación extra de proteínas alcanza un límite que corresponde a una ingesta entre 1.4 y 2.4 g/Kg y día para los deportistas de fuerza. Cantidades superiores, habitualmente ingeridas, únicamente pueden estar justificadas por el consumo de fármacos anabolizantes que incrementaría la síntesis proteica.

En cuanto a la necesidad de utilizar los suplementos proteicos o de aminoacidos tan abundantes en el mercado no parece ser, en general, necesario ya que de la dieta pueden obtenerse las cantidades suficientes de proteína. Si una dieta equilibrada contiene en torno a un 10-15 % de calorías procedentes de las proteínas quiere decir que una dieta de un deportista de unas 5000 Kcal, representa unos 126 g por día lo que para un individuo de 70 Kg representaría 1.8 g/Kg y día.

Aparte de este marco general, en algunos casos puede estar indicada una suplementación proteica ya que este tipo de suplementos es muy bajo en grasas y colesterol; por ejemplo, cuando se está siguiendo una dieta de reducción de peso, en el caso de individuos vegetarianos, personas con un régimen de comidas no muy regular, etc.

El uso de determinados aminoácidos individuales parece ser que también puede tener en algunos casos efectos beneficiosos, aminoácidos de cadena ramificada, triptófano, aspartatos, etc., aunque en la actualidad no hay muchos casos documentados sobre los posibles beneficios de este tipo de compuestos y la justificación de la conveniencia de su utilización de la publicidad de estos productos carece muchas veces del rigor científico necesario y no está suficientemente documentada o avalada por experimentos concluyentes realizados con una metodología correcta.

Suplementos de vitaminas y minerales

La ingesta de suplementos de vitaminas y minerales (hierro, magnesio, zinc, cobre, etc.) parece ser que no tiene efectos beneficiosos probados sobre el rendimiento a pesar de la amplia utilización en determinados deportes, salvo que exista una carencia. Una dieta equilibrada con una cantidad adecuada de verduras frescas aporta la cantidad necesaria de minerales.

El uso no controlado de vitaminas y minerales puede afectar a la salud, ya que aparte de los efectos negativos específicos se producen interferencias entre los dostintos elementos o compuestos, sobre todo en el caso de los minerales, pudiendo el exceso de uno de ellos impedir la absorción de otro o producirse otro tipo de desajustes, a veces peligrosos. El uso de estos suplementos debe hacerse bajo control médico.

 

Eloy Izquierdo Rodríguez
C.E.A.R.
Federación de Ciclismo de la C.V.