¿Por qué se dice que el cuerpo es como un mástil
de los antiguos barcos de vela?
Los altos mástiles de los antiguos barcos de vela se
mantenían en pie con bastante dificultad en cuanto encontraban vientos fuertes o un mar
picado. Sin la completa serie de cuerdas y cadenas que formaban sus aparejos, la
arboladura de cualquiera de estos veleros se hubiera venido abajo o se hubiera roto. Lo
mismo nos ocurre a nosotros cuando tratamos de mantenernos en pie sin movernos. Nadie, ni
el cadete mejor entrenado, puede permanecer inmóvil en posición de firmes por mucho
tiempo. Al cabo de un rato empezará a oscilar, pero no se cae porque todo un conjunto de
tendones y ligamentos de la espalda y las piernas entran en acción de inmediato, jalando
en una dirección y otra para mantenerlos erguido. El sistema muscular tiene otras
funciones además de la de mantener el cuerpo erecto. Los músculos nos permiten llevar a
cabo miles de complicados movimientos -como un salto de altura, unas sentadillas, bailar
un zapateado o tocar el piano- en los que intervienen simultáneamente muchos de ellos, y
que requieren una estricta coordinación.
¿Cuántas clases de músculos tenemos?
Al ver tal despliegue de protuberancias como las que
aparecen bajo la piel de un fisicoculturista o de un levantador de pesas se podría pensar
que hay una enorme variedad de músculos en nuestro cuerpo, pero la verdad es que todos
ellos se reducen a tres tipos básicos: el músculo estriado o voluntario que mueve las
articulaciones; el músculo liso o involuntario que reviste los vasos sanguíneos, el
tracto digestivo y otros órganos internos; y el músculo cardiaco que reúne
características de uno y otro. Los músculos estriados son capaces de contraerse
enérgicamente bajo nuestro control. La musculatura lisa tiene a su cargo una importante
función, pero como no está sujeta a acciones imprevistas, no se contrae con tanta
energía. Sus movimientos son involuntarios, es decir, no los podemos controlar
conscientemente. El músculo cardiaco es estriado, pero sus estrían están más separadas
que las de los músculos esqueléticos. La musculatura del corazón, sin embargo, es
involuntaria; se contrae a su propio ritmo lo queramos o no.
¿Cómo está formado el interior de un músculo?
Si cortamos diagonalmente un músculo estriado típico
veremos que se parece a un cable de teléfono formado por un haz de cables más delgados,
y cada uno de éstos constituido por alambres todavía más finos. El primer haz, el más
grueso, está constituido por una serie de fibras musculares entre las que corren nervios,
vasos sanguíneos y tejido conjuntivo. Cada fibra muscular está formada por otras más
delgadas llamadas miofibrillas y cada miofibrilla contiene filamentos entretejidos de dos
tipos de proteínas: miosina y actina. A medida que envejecemos, las elásticas fibras de
los músculos estriados que mueven los huesos van siendo lentamente reemplazadas por
tejido conjuntivo, proceso al que se llama fibrosis. Aunque este tejido conjuntivo recién
formado es resistente, no es elástico y por lo tanto los músculos van perdiendo su
tonicidad y ya no se pueden contraer con tanta energía. A esto se debe la pérdida de la
fuerza y la mayor lentitud en la respuesta muscular de los ancianos.
¿Cómo funcionan los músculos?
Uno de los mayores logros de la ciencia del siglo XX ha
sido descubrir cómo funcionan los músculos. El fenómeno de la contracción muscular
abarca una serie de reacciones químicas y de impulsos nerviosos. Cuando el brazo cuelga a
un lado del cuerpo, por ejemplo, el bíceps se encuentra relajado, con sus fibras largas y
delgadas; pero si se aprieta el puño y se flexiona el brazo, el bíceps se contrae y sus
fibras se acortan y se engruesan haciendo que el músculo sobresalga. Hace apenas unas
décadas que los científicos han descubierto lo que pasa cuando un músculo se contrae
así. Imagínese la estructura muscular más sencilla capaz de contraerse, lo que se llama
un sarcómero, como si fuera una pequeña habitación de paredes deslizables. En el centro
está usted, que representa unos filamentos de miosina, y a su lado hay dos cuerdas -una
atada a la pared del lado izquierdo y otra a la del lado derecho- que son los filamentos
de actina. Durante la contracción, usted se verá estimulado a tomar las dos cuerdas y
jalar de ellas acercando las paredes hacia el centro. La relajación se producirá cuando
usted suelte las cuerdas y las paredes se deslicen a su posición original. Pero ¿qué es
lo que hace que usted tome las cuerdas y jale de ellas? El factor principal son los
impulsos nerviosos que desencadenas las reacciones químicas que intervienen en el proceso
de la contracción. El punto donde la fibra nerviosa que lleva el mensaje se une a la
fibra muscular es lo que se llama placa motora terminal. Cuando el mensaje llega a la
placa motora, ésta secreta un compuesto químico, la acetilcolina, que entra a la fibra
muscular produciendo una onda de cargas eléctricas que ponen en acción el músculo.
¿A qué se debe la resistencia del músculo
cardiaco?
La resistencia es la cualidad que mejor define al corazón,
un órgano que no pocas veces ha estado latiendo durante más de 100 años, sin parar. El
corazón de una persona que ha llegado a los 100 años ha latido 400.000 millones de veces
y ha bombeado alrededor de 545.000 toneladas métricas de sangre. Los fisiólogos afirman
que esa resistencia se debe a que el músculo cardiaco combina la fuerza del músculo
estriado y la imperturbable constancia del músculo liso; pero a diferencia de ellos, sus
fibras están interconectadas formando un sistema conjunto de comunicación. Este sistema
permite a las células del músculo cardiaco intercambiar señales eléctricas y, por lo
tanto, actuar al unísono.